Imaginarios

Las-mil-y-una-nochesLa mayoría de escritores tiene, en las paredes cercanas al escritorio de trabajo, fotos o dibujos de sus escritores preferidos. Abundan Faulkner y Dostoievski, Rimbaud y Vallejo; también he visto Arguedas y Kafka. Difícil imaginar el rango de preferencia de escritores que inspiran, con el talento o el ejemplo, a otros escritores. Para mí la cosa es más sencilla. Si hubiese tenido que poner algunafoto, hubiera puesto la del autor de “Los tres mosqueteros” o de “Sangama”, pura aventura literaria. Pero he preferido siempre “Las mil y una noches” y la imagen imaginada, fabulada, de Sherezada. A menudo nuestras madres son grandes Sherezadas que sin querer-queriendo inventan a los nuevos escritores. Ellas saben que el placer de narrar es un lujo que se explora en la soledad de las noches y el silencio de las miradas atentas. Sherezada. Imagen de la buena literatura.

Compañía

La oficina soñada. Pura literatura. Se aceptan derivados, por supuesto. Los provenientes de la cebada, granos y frutas a la derecha, y la sección legalice a la izquierda. Al fin y al cabo, los libros provienen de los vegetales también. Como nosotros.

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Reina del cielo

asheCuando leí que Mama Guaco —y no Manco Capac— era la que había abierto camino, derribado montañas, enfrentado a enemigos con su brazo poderoso y lanzado las barras de metal para fundar el Cusco para los Incas, comprendí que el ocultamiento del papel de la mujer en la creación de la cultura humana era un hecho patriarcal y machista que se repetía en muchas culturas, especialmente en las derivadas de procesos coloniales.

No otra cosa le pasó también a la fuente del monoteísmo contemporáneo, el judaísmo. Como sabemos, los judíos antiguos eran bastante politeístas, tanto que la biblia es insistente en sus prohibiciones de adorar a otros dioses. Lo que no sabíamos muy bien era que Yahveh, en la antigüedad, tuvo una esposa llamada Asherah, y que los viejos judíos adoraban a ambos por igual, con templos y monumentos para conmemorar a los esposos celestiales.

En Éxodo y en el Libro de los Reyes se alude a la diosa Asherah, y en Jeremías se la llama “Reina del Cielo”. En otras culturas Asherah fue conocida como Aserá, Astarté y Astarot, Ishtar por los babilónicos e Inanna por los sumerios, figuras femeninas derivadas de Afrodita e Isis, arquetipo de la “Diosa Madre”.

Naturalmente, los sacerdotes judíos y después los cristianos intentaron desaparecerla de las escrituras, en patriarcal coincidencia, pero recientes descubrimientos arqueológicos han mostrado tablillas e inscripciones que nos hablan de esta vieja dualidad.

Pero esto es algo que no debe sorprendernos mucho. Los judíos copiaron casi toda su mitología de la babilónica y egipcia, y en ellas los dioses eran duales, buenos y malos al mismo tiempo. El aporte judío fue separarlos y quedarse con un dios capaz de arrasar con la humanidad con tal de que se cumpliera un solo deseo a su favor: la obediencia. Lo demás se lo dejaba a los sacerdotes y curas pederastas que hasta ahora le joden la vida al planeta.

Quizá la camarada Asherah hubiera hecho la diferencia.

Quechua

andinaLa primera vez que en mi niñez oí públicamente el quechua fue en la televisión. Incluso recuerdo la frase cotidiana de “Tawa canal, Limamanta pacha”, y después el himno nacional que empezaba con Qispichiskam kanchis, y luego las lecciones de los números: huk, iskey, kimsa, tawa, piska, etc… Entonces la televisión servía para algo. Quizá si hubiera continuado este proyecto educativo a través de la Tv, muchas generaciones de peruanos sabríamos el quechua, ahora, con mayor soltura y facilidad, y tengo la certeza de que todos mis libros, todos mis cuentos y novelas, todos mis ensayos, los hubiera escrito en quechua sin ningún problema.

Tradiciones orales

VK_Saved_Photo_ 636225970367295851Las tradiciones orales no son la literatura oral, simplemente. Las tradiciones orales son toda la cultura hablada: la summa, el universo; sus cambios, sus contradicciones. Las tradiciones orales amazónicas albergan el pensamiento abstracto y la reflexión, aquello que los griegos llamaron filosofía y los europeos convirtieron en una vulgar justificación del dios extraterrestre. Contienen el arte y la técnica, la ciencia y el misterio. Y también, naturalmente, los relatos hablados, las canciones profundas, que solemos llamar narrativa y poesía: el arte de la ficción.

Hombres de río

sovHace mucho tiempo tengo una novela amazónica pendiente. Sé que no se debe hablar de planes inconclusos, por la amenaza de plagios y el azar de no acabarla nunca. Pero ver la bandera comunista sobre el Reichstag nazi de 1945 me ha hecho recordar mi abandonada novela “Viajeros”. Título sencillo para una trama que no me deja dormir: un viejo naturalista, luego de muchos intentos, emprende su último viaje hacia el interior de la Amazonía en busca del pueblo indígena que conoció de niño llevado por su padre, donde hombres y mujeres practicaban la amabilidad y el mutuo entendimiento, trabajaban en igualdad y protegían a los niños tanto como a los animales y las plantas. Su armonía solo era quebrantada por las carcajadas ante las buenas historias que contaban los extraordinarios narradores orales, y los exabruptos inevitables luego de las tomas de ayahuasca o de fumar tabaco y otras hierbas. El viejo naturalista hizo de su vida una búsqueda de ese pueblo inalcanzable. No porque buscar la sociedad perfecta fuese un simple motor para alcanzar la utopía, sino por la certeza de que esa sociedad superior existió; que los hombres y mujeres sí supieron convivir en sociedad sin el canibalismo capitalista, y que sí fue posible equilibrar las necesidades del hombre dentro de la naturaleza. Fue real. Había existido. Por tanto, era posible que pudiese volver a existir, mejorada. Por eso, ver la bandera roja sobre las escombros del fascismo me hace pensar que el capitalismo podrá ser barrido una y otra vez y que no todo está perdido. Lo que existió puede volver a existir mucho mejor.