Anent

Orellana-Comunitarios-2Los cantos awajún, los famosos anent, comparten con otros pueblos amazónicos una estructura parecida en la enunciación poética. Sus temas son variados y abarcan casi toda la cotidianidad de la caza, pesca, agropecuaria, sueños, guerras y, por supuesto, amor.

En las canciones de amor se construye una estructura de enunciación indirecta. Es decir, la amada no canta al amado directamente, sino mediante un sujeto intermediario, que puede ser avecilla, planta, nube, viento, lluvia.

De ese modo, el sujeto indirecto se transforma en metáfora e imagen en sí mismo. Y aunque se trata de un modelo de construcción poética que también notamos en la cultura andina, parece ser una de las formas poéticas más antiguas y presentes de la humanidad.

La poesía de nuestros pueblos originarios posee belleza en su forma y sus enunciados, un ritmo notable al ser cantada y una estructura consciente que nos habla de una literatura compleja y palpitante.

Anuncios

Parceiros

alCon Aliza Yanes a orillas del río Madeira, en Porto Velho, Brasil.

Nuevos proyectos, nuevos libros…

Y más investigaciones de seres fantásticos y literatura amazónica.

Religión

curasAlgún día comprenderemos que la religión es un crimen de lesa humanidad. No solo el opio de los pueblos.

La religión entendida como la creencia en un dios extraterrestre con poderes mágicos que exige sumisión (esclavitud de todos los tipos) a sus fieles, y que sirve de fuente de financiamiento e instrumento político de control y asesinato.

El mayor éxito de la religión es que a pesar de millones de muertos en guerras santas y cruzadas, millones de muertos en invasiones contra infieles, salvajes o “indios”, asesinados en torturas de la Inquisición católica y reformas protestantes, Kukuxklan y curas franquistas; a pesar de violaciones contra bebés, niños y mujeres de parte de curas, rabinos y pastores; a pesar del robo sistemático a las pocas pertenencias de los pobres mediante diezmos, colectas, donaciones, etc, a pesar de todo eso, existan personas que la defiendan.

El mayor éxito de las religiones es que la víctima defienda a su propio violador o su propio asesino.

Hace poco, el pastor evangélico del Movimiento Misionero Mundial, Rodolfo Gonzales, llamó al asesinato de homosexuales en mensajes públicos llenos de odio y discriminación. Eso es un delito. El grupo religioso no es más que una banda de delincuentes. Sin embargo, no me cabe duda que las ovejas defenderán al pastor aun a costa de sí mismas.

Por eso la religión es más que el opio del pueblo. Es un crimen de lesa humanidad.

En una obra de teatro de Maiakovski una de las atracciones era ver, en la plaza del pueblo, una jaula donde había una especie en extinción: un burgués. Todos veían al hombre codicioso, criminal, usurero, egoísta, como una muestra del oscuro pasado del ser humano. Quizá debamos añadir una jaula más, la del religioso. Algún día.

Viajeros

marinaTodos hacemos el mismo viaje. Todos llegaremos al mismo puerto. Hagamos que cada paso valga la pena y que la compañía sea placentera.

Mito

GRECIALa palabra “mito” proviene del griego antiguo “mythos” y significa “fábula” e incluso “cuento“. Por su etimología, el mito es conscientemente una ficción, y los seres fantásticos que lo pueblan son personajes de ficción que los griegos llamaban dioses, semidioses, titanes, mortales, etc. Un mito no era lo contrario de “logos”, la razón analítica, sino una suerte de razón metafórica adjunta. Por tanto, los griegos tenían la libertad de creer que esos seres fantásticos eran reales y rendirles culto, o burlarse de sus tonterías como hacía Aristófanes en sus comedias.

Con el tiempo, muchos recopiladores se dedicaron a reunir los cuentos griegos que abundaban, se contradecían y refundían unos con otros: son los mitógrafos griegos como Paléfato, Heráclito, Eratóstenes, Curnuto, aunque uno de los más conocidos fue Apolodoro y su famosa “Biblioteca” en el bizantino s.IX de nuestra era.

Los filósofos griegos, por su parte, como los latinos después y los bárbaros católicos de la edad media, le declararon la guerra a los cuentos griegos y la palabra “mito” se hizo peyorativa, sinónimo de mentira, falsedad, absurdo, contrario a la razón y, peor aun, a la fe católica que tenía la verdad y las armas. Así nació una mitología que los europeos endilgaron a los griegos como una religión, y no como lo que siempre había sido: pura literatura.

Hasta que llegaron los alemanes. Es decir, hasta que el romanticismo nacido en Alemania rescató el folclore nacional y atribuyó al mito una característica unificadora, espiritual, una fuerza acumulada que podría dirigir al pueblo y darle sentido, sinónimo esta vez de genio, fusión, poder mágico, en peligrosa contraposición con los logros racionalistas de la Ilustración. Las vigorosas óperas de Wagner son prueba de ello. Y este concepto es el que perduró en marxistas como Gramsci y Mariátegui.

Pero el mito griego no se estuvo tranquilo. Llegaron los antropólogos y en sus estudios de los relatos de los pueblos americanos, andinos y amazónicos especialmente, volvió a tener presencia. Esta vez el mito era cualquier relato de los pueblos “primitivos”; mito eran sus cuentos y mito era su religión. “Mito, una experiencia vivida“, decía Malinowski, y más o menos repitieron lo mismo desde Lévi-Strauss hasta Mircea Eliade y Viveiros de Castro.

De modo que el mito griego pasó de ser un conjunto de cuentos divertidos, es decir pura literatura, a sinónimo de falsedad y mentira; con los siglos se hizo alter ego de la fuerza colectiva de una nación, y finalmente ha quedado arrinconado por la antropología en simple relato de los “pueblos primitivos” que solo tienen mitos y leyendas como una suerte de religión primaria.

Para terminar, el derivado de mito, lo mítico, también se usa para muchas cosas, un actor mítico, un libro mítico, un premio mítico, una fiesta infantil mítica, en una banalización a la que nuestra época condena irremisiblemente a todos.

Por nuestra parte, llamamos Tradiciones orales al conjunto de relatos transmitidos de generación en generación, tal como lo hicieron los griegos antes de que los recopiladores congelasen las tradiciones en versiones que se han vuelto oficiales.

Caníbales, los otros

kari-kariLa acusación de caníbales o antropófagos a una civilización que tenía uno de los sistemas agrícolas más ricos y complejos del mundo, formas de pesca milenarias, carne domesticada y silvestre, y una gastronomía sin parangón que ha tenido extraordinaria continuidad con aportes de otros lados del mundo, es algo que comprendemos ahora con mayor facilidad pero que sigue siendo uno de los pilares del pensamiento criollo y colonial de nuestros días. Esta acusación ha sido confrontada por la tradición oral andina y amazónica. Nuestros antepasados imaginaron seres terribles que eran metáforas de la barbarie colonizadora: el Karisiri, también conocido como Qarisiri, Liqichiri o Kari kari en la zona del altiplano peruano y boliviano, representaba al sacerdote católico sanguinario que, cuchillo en mano, mataba hombres, mujeres y niños para sacarles la grasa. Otro personaje fue el Nakaq, también un fraile católico o soldado español, según las zonas del sur peruano, con ropas ajadas y ensangrentadas que andaba por los caminos asesinando personas para quitarles la grasa. Uno de los personajes más famosos es, sin embargo, el Pishtaco, de las zonas centro y norandina y también amazónica, que ya no representa a la iglesia y la colonia, sino al gringo capitalista. El pishtaco ataca de noche y de sorpresa, corta la cabeza de sus víctimas y les saca la grasa para usarla en sus máquinas. En la costa norte tenemos la Chotuna, que es un cura violador y ambicioso que al destrozar las huacas del pueblo se transformó en una horrible serpiente con torso y cabeza humanos, que ataca con violencia a los pobladores. En la Amazonía el personaje más famoso es la Runamula, que representa al cura violador de niños y mujeres que por las noches se transforma en una mula salvaje que echando fuego por los belfos corre enloquecida montada por el diablo. Finalmente, nuevos personajes se han unido a este bestiario de crítica social, como el Sacaojos, así como el Pelacaras o Pelaqalas, surgido en los tiempos de Fujimori, en que los nuevos emprendedores, muchos de ellos japoneses, los capitalistas caníbales, raptan a niños y personas indefensas para extraerles los ojos y otros órganos vitales para venderlos en el mercado negro y el extranjero. Como vemos, se trata del arte de la ficción oral desde el oprimido. No me cabe dudas de la existencia de muchos personajes más, pero esta muestra es lo bastante extensa para reflejar un discurso de resistencia social y cultural a lo largo de siglos y en permanente actualización. Los caníbales son los otros.

Raposa

rapoGracias a la traducción y acuciosidad de Romulo Monte Alto, profesor y especialista en literatura de la universidad de Minas Gerais, Belo Horizonte, ha salido a la luz el libro de José María Arguedas El zorro de arriba y el zorro de abajo, con el título en portugués de A raposa de cima e a raposa de baixo.
Como dice Romulo: “A partir de agora Arguedas também será brasileiro”